Los errores en las presentaciones

Nos suelen afirmar que nuestro mundo está cambiando de forma vertiginosa y, con él, las reglas en la venta de ideas, no obstante, no es tan sencillo impulsar esa innovación dado que aun se continúan con las viejas prácticas (tradicionales) en la exposición de argumentos. La realidad imprime un desafío y es el manejo de datos frente a la saturación de los mismos y los crecientes medios de comunicación; todo esto genera una nueva forma de procesar y aprender mediante las presentación de información, ya sea vista, escuchada o palpada.

Para mostrar nuestras ideas y que éstas no se vuelvan invisibles, existen opciones cada vez más numerosas, que proponen ayudar en no pasar desapercibidas (lo cual no siempre se alcanza). Así, el exponer ideas es la oportunidad perfecta que debe ser y hacerse de forma diferente y con ello lograr que la gente se fije en dichos argumentos como si fueran excepcionales.

Seth Godin en su obra”Purple Cow” (2000), narra cómo dar a conocer ideas mediante la analogía de “un paseo”: un viaje en el cual se aprecia el campo, en donde aparecen diferentes animales, pero ¿qué sucedería si hubiese una vaca de color púrpura? Es algo que llama la atención, que nos obligaría a detener, mirar y maravillarnos. Siendo un poco más tendencioso a las costumbres actuales, seríamos capaces de tomar un “selfie” con la intención de difundir el momento y causar un efecto de asombro en nuestras redes sociales. Perennizar el momento con argumentos visuales genera un impacto que permite trascender.

Esta analogía se pueden aplicar en el campo educativo para actualizar, precisar, moderar, informar, comunicar y hasta emocionar a nuestra audiencia. Hacer de aquella vaca púrpura el punto de partida para el cambio en las distintas sustentaciones de ideas con la intención de aprender y enseñar. Un par de años atrás, días previos a la defensa de tesis, había apreciado una cantidad respetable de presentaciones académicas como para plantearme que debía hacer algo diferente y evitar ser uno más del montón. Es en aquel momento donde vislumbro la interrogante:

¿Qué errores cometen los ponentes en sus presentaciones?

Hoy, tras unos cuantos años de aquel momento, como producto de una petición coloquial de una anterior redacción, y gracias a esa insana curiosidad por generar (y aportar) un cambio, procedo con mis respuestas:

1.- Ignorar la brecha cognitiva entre ponente y audiencia.

Cuando un bachiller expone un determinado tema, asignado previamente, es prácticamente el único especialista en dicha argumentación, mientras que, a la comunidad oyente le resulta completamente extraño. Esto a razón que existe una brecha cognitiva entre lo mucho que conoce el ponente de un tema y lo “poco” que conocen los oyentes. Sumemos a esta ecuación que el “pecado de omisión”, donde quienes exponen deducen que la audiencia es capaz de comprender en pocos minutos lo que ellos han tardado días en asimilar y absorver cognitivamente. Por lo tanto, las ponencias avanzan a un ritmo tan elevado que pocos oyentes pueden seguirlo, consiguiendo la desconexión e interés del público. Rebajar la complejidad de la ponencia para hacerla más comprensible va a permitir reducir la brecha cognitiva. Es mucho mejor intentar que se entienda bien sólo el 25% de todo el proyecto y conseguirlo, que intentar que se entienda todo y sólo lograr un 10%.

2.- Falsas creencias.

Existen tendencias que dictan la manera como se diseñan las presentaciones académicas, el error que cometen muchos bachilleres (e incluso docentes) es creer que esas tendencias son inexpugnables y que representan la única forma en que se debe hacer una presentación académica y por lo tanto, no pueden ser nunca violados. Estas falsas creencias nos condenan a repetir los mismos modelos que se dictan en la comunidad universitaria. Atrevernos a probar algo distinto, es dejar a un lado estándares que nos han mecanizado en el proceso cognitivo.

3.- Generar presentaciones con estructura de trabajo escrito

Tradicionalmente, una presentación académica sigue a la elaboración de una documento escrito, el mismo que contiene toda la información del proyecto ordenado de forma “eficiente” mediante un sistema de indexación, de tal modo que se puede acceder directamente a cualquier contenido con tan solo buscarlo en el índice e ir a la página indicada. Es aquí, donde la tentación de seguir esa misma estructura en la presentación es demasiado fuerte y caen en ella. Sí a esa tentación se añade la fuerte predisposición del software por excelencia (PowerPoint) a ofrecer listas de viñetas, la combinación es letal; diapositivas siguiendo la secuencia 1.A., 1.A.1, 1.A.1.2…, información fragmentada en capítulos, ausencia de hilo conductor. Una mecanización que nos aleja del sentido común, el narrar un evento, la presentación. La función del índice y de los capítulos es útil y válida para la memoria escrita, es decir el documento como tal, redactado, pero no para contar la historia de nuestro proyecto. Porque en el fondo se trata de eso, de contar historias, como quien le cuenta a un niño, lo que va a permitir involucrar al publico.

4.- Enfocarse en el “Qué” en lugar del “Por qué”

La mayoría de presentaciones académicas tienen como punto de partida el objetivo del proyecto. Se centran en explicar “qué es lo que pretenden hacer”. En la mayoría de situaciones, nunca explican el por qué. En una reciente disertación universitaria, bachilleres explicando su proyecto: desarrollar una procedimiento administrativo que permita detectar las debilidades en la fluidez de información por las deficiencias estructurales y organizativas, mediante detalladas normas técnicas. Una forma con la que el publico difícilmente se identifica ni reconoce su importancia. Esto lo único que genera es el desinterés por el tema. Si en lugar de empezar así, se comenzara hablando de ¿la dificultad para detectar las amenazas mediante trámites poco prácticos? O incluso aun, facilitando al publico algo que les interese ¿cuál es la importancia de encontrar un sistema procedimental que detecte debilidades administrativas?. Iniciar explicando el por qué ayuda al oyente a dar sentido a todo lo que se hace durante el proyecto, teniendo como consecuencia evitar perderse en las explicaciones.

Pues bien, todo lo redactado no es más que una síntesis de experiencias propias y ajenas, revisión de documentos variados impreso y en línea, así como esa manía por indagar sobre el mundo de las presentaciones. Caminante, se hace camino al andar, y aun queda camino por recorrer, el asunto es no aletargarse en la senda, sino involucrarse con el cambio y disfrutar lo que se pueda aprender.

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